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Author Topic: Trabajo de oficina (Office Work, story in spanish)  (Read 6725 times)
posyomismo
Gorgon Knight
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« on: November 05, 2014, 09:59:35 PM »

Buenas. Pues en esto que iba a escribir una caption de medio millar de palabras, y me lie... y cuando me quise dar cuenta había estado escribiendo seis horas seguidas y habia acabado escribiendo toda una historia corta de transformación inanimada -pretrificación en madera incluida- de 5600 palabras Grin. Hoy la he rematado, y aunque hay un par de detalles que aun tengo un poco dudosos, paso a colgarla aquí -foto ilustrativa incluida-, a ver que opinais Smiley.

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Trabajo de oficina

Cuando Rachel fué pillada infraganti por su supervisor robando dinero de la caja del hipermercado donde trabjaba, pensó que en cuestión de minutos estaría despedida, en la calle, y con una denuncia por robo pendiente de caer sobre ella como un halcón en días.

Pero, mientras su supervisor le echaba la bronca en su despacho, recibió una llamada por teléfono del departamento de márketing. Inicialmente su jefe empezó a contarles a toda voz como había pillado a Rachel metiéndose un pequeño fajo de billetes de la caja registradora en su bolso, y que eso explicaba la desviación de cuentas que tenían desde hacía unos meses, pero de repente puso cara de sorpresa, bajó el tono y se dió la vuelta para que la ladrona no pudiese oir de que hablaba, y tras una charla de unos minutos, colgó y suspiró.

-Parece que has tenido suerte, gorrona -le dijo-. A algún pez gordo de la empresa le tienes que caer en gracia y, aunque se han enterado de tus manos largas, han decidido darte otra oportunidad y no echarte, a cambio de que seas reasignada a administración, y hagas algo de trabajo de oficina -entró James, uno de los seguratas del hiper al despacho-. Tienes que subir ahora mismo a administración, acompañada de James, para el papeleo. Personalmente te ponía de patitas en la calle y te denunciaba -dijo mientras la miraba con desprecio-, pero los jefes verán que hacen...

Rachel no podía creer la suerte que tuvo, se levantó de la silla donde estaba, le hizo una peineta a su jefe, acompañada de un sonoro "que te jodan", y salió del despacho acompañada de James hacia adminstración.

Pese a su suerte, Rachel aun tenía sus dudas. No sabía porqué le estaban dando esta oportunidad, pese al buen bocado que le había dado a las ganancias del negocio desde que entró a trabajar. La "desviación de cuentas" de la que hablaba su supervisor era sólo un pequeño bocadito del total, pero Rachel había sido lista y siempre había cogido cantidades no demasiado llamativas de muchas cajas distintas, a menudo usando contraseñas de compañeros de trabajo para que no pudiesen relacionarlas con ella, o modificando facturas emitidas haciendolas más pequeñas de lo que en realidad eran -que bueno era el departamento de electrónica para ello- y embolsándose la diferencia. Llegó a la conclusión de que tenía que ser algo de eso, que los jefazos se pensaban que había robado sólo unos pocos cientos cuando en realidad eran unas decenas de miles. Sonrió. Haría un poco de teatro, soltaría alguna lagrimilla diciendo que le hacía falta desesperadamente el dinero, prometería no volver a hacerlo, quizás tuviese que chupar alguna polla a algún jefecillo de administración, y podría seguir trabajando. Estaba claro que tendría que dejar de robar durante un tiempo, para disimular, pero incluso quizás esto podría considerarse una oportunidad. Si se lo curraba bien con ese trabajo de oficina, quizás podría más delante, cuando todo esto se enfriase, intentar que la transpasasen a admistración. Y ahí sí que podría falsear bien facturas sin que la pillasen fácilmente, y cantidades bastante más jugosas que los cientos que iba tomando de vez en vez.

Cuando llegaron ella y James al ascensor, fué a pulsar el botón de la quinta planta, donde estaban las oficinas de administración, pero el guarda de seguridad la detuvo.

-No, ahí no -Dijo con tono seco. Sacó una llave sujeta con cadena de su bolsillo, y la metió en la cerradura que había en la parte superior de los controles del ascensor-. Vamos más arriba.

Rachel se estremeció. Esa era la planta de los altos ejecutivos, los auténticos pesos pesados. Desde ahí dirigían toda la empresa y todos los hipermecados de la fanquicia. Empezó a dudar. Si eran ellos los que quería hablar con ella quizás la cosa fuese más gorda de lo que pensaba. Tal vez el teatro y la mamada tuviese que ser más de una, y algo más que una mamada para poder librarse. Bueno, no era la primera vez que salía de un lio, y muchos bastante peores, usando su físico. Quizás no tuviese un pecho despampanante -de hecho siempre había estado un poco acomplejada por ello-, pero era guapa, y estaba especialmente orgullosa de sus largas piernas de modelo, que le habían valido más de una copa gratis, y eran la envidia de casi todas las mujeres que conocía. De no ser por su busto tan poco abultado, estaba segura que le habrían abierto las puertas del mundo de la moda.

Finalmente el ascensor se detuvo, y al salir vió como había otros dos seguratas esperándolos, bastante más imponentes y amenazadores que James, y también con un aspecto mucho más profesional. Además de una mirada fria, desprovista de ningún tipo de emoción, como si fuesen máquinas. Le dijeron a James que volviese a su puesto antes siquiera que bajase del ascensor, y fue escoltada por ellos por los pasillos.

Fueron pasando puerta tras puerta, todos los despachos vacíos de personal, y sin ningún tipo de papeleo o equipos informáticos. Daba un poco de miedo, parecía una oficina fantasma. Rachel entonces recordó que estaban reformando la última planta, y renovando parte del mobiliario. De hecho sólo un par de días antes había oído a una compañera que estaban a punto de terminar, y que mucho personal que habían tenido que meter con calzador en la planta de administración mientras duraban las obras estaba a punto de volver a su lugar habitual de trabajo. Con la ausencia de gente en la planta, cada vez veía más claro que le tocaría hacer algún favor sexual a su benefactor para escurrir el bulto, y que este la había traído aquí para que no pudiese haber ojos indiscretos. "'Trabajo de oficina', claro. De secretaria de alto standing más bien", pensó Rachel.

Finalmente llegaron al final de un pasillo, donde había una puerta abierta a un lado, y junto a ella una mujer trajeada de forma discreta, trabajando con una trablet. Cuando llegaron junto a ella, levantó un momento el dedo índice, indicando que esperasen, y siguió leyendo la tablet con total concentración. Segundos después, tocó unos controles rápidamente y la bloqueó. Levantó la mirada, fijándose con superioridad en Rachel.

-Vaya, así que aquí tenemos a la señorita Rachel Dowling. Parece ser que nos ha causado usted ciertos problemas con su aprecio por lo ajeno -dijo con altivez-. La señora Ford quiere hablar con usted al respecto.

Al oir el nombre Rachel se estremeció. Aria Ford era la dueña de toda la franquicia, y una de las personas más ricas -y poderosas- del país. La ladrona empezó a pensar que se había metido en un lio muy, muy gordo del que no saldría tan fácilmente como pensaba, si la temible Aria Ford, famosa también por su carácter y gusto excéntrico, quería hablar cara a cara con ella. La secretaria señaló hacia a la puerta abierta que había a su izquierda.

-Por favor, acompáñeme -Y entró en la habitación, seguida de Rachel y los gorilas que la escoltaban-.

Dentro el despacho no era grande, de hecho parecía hasta pequeño, y estaba vacío, salvo por un tablero con forma de L sujeto a una pared por su lado corto, justo bajo una ventana, y mantenido en vilo por un montón de cajas, como si fuese un estritorio a medio montar. En medio del despacho estaba de pie una mujer con el pelo largo negro, con el pulgar y el índice sujetando su barbilla, y mirando al vacío.

Entrada en la cuarentena, pero con un rostro perfecto, que parecía cincelado en piedra, la mujer poseía un cuerpo que ya quisieran para si misma más de una veinteñera. Vestida con un traje chaqueta de puro rojo y una falda que llegaba justo hasta sus rodillas, el conjunto posiblemente no valdría menos de cinco cifras. Era acompañado por una blusa escotada blanca, unas medias negras, y unos zapatos de tacón de aguja -metálica y dorada- a juego con el traje. Era Aria Ford, enfant terrible de la alta sociedad, bisexual declarada -según la prensa estaba casada con un hombre cuarenta años mayor que ella al que manejaba como una marioneta, y era vox populi que se acostaba con todo lo que se movíese, incluso delante de él, sin que hiciese nada para impedirlo-, y una persona a la que posiblemente le bastaría con chasquear un dedo para hacer desaparecer a una empleada con la mano larga sin dejar rastro. Ahora a Rachel los seguratas empezaron a parecerle más bien matones, y aun más amenazadores que antes.

Se quedaron quietos ella, los seguratas -uno a cada lado suyo- y la secretaria, junto al umbral de la puerta, en silencio, sin interrumpir los pensamientos de la señora Ford. Finalmente la secretaria carraspeó y la millonaria abandonó sus cavilaciones y los miró, mostrando en seguida reconocimiento.

-Ah, disculpe, estaba visionando la futura decoración de mi nuevo despacho -Dijo mientras hacía un ademán con la mano, abarcando toda la habitación. Ignoro a la secretaria y los dos hombres, fijándose en Rachel-. Veo que ya está aquí nuestra díscola empleada, la señorita Dowling, Espero que me perdone si, dada la situación, la llamo directamente Rachel -Mientras hablaba, la secretaria abrió un maletín que había junto a una pared y sacó una abultada carpeta, y se la tendió a su jefa, que empezó a hojearla, lanzando de vez en cuando miradas de reproche a Rachel y bufando-. Por lo que veo -dijo al cabo de un rato-, es usted toda una amiga de lo ajeno, Rachel. Si se hubiese limitado a pequeñas cantidades, tal vez hubiesemos podido pasarlo por alto, pero según este informe que tengo aquí, nos ha robado usted cerca de 25.000 euros en el año y medio que lleva trabajando con nosotros.

Rachel se tembló. Sabían de forma bastante aproximada lo que realmente había ido robando. La cosa no se limitaba a lo que le habían pillado hoy.

-Teniendo en cuenta que ha trabajado principalmente como cajera -continuó la millonaria-, diría que es casi hasta un logro que haya acumulado semejante cantidad en tan poco tiempo -la miró-. Si, no me mire con esos ojos de sorpresa, la teníamos fichada desde hace un tiempo, simplemente su metedura de pata de hoy ha precipitado los acontecimientos, y las consecuencias, de sus acciones.

Cerró la carpeta y se la tendió a su secretaria. Esta la tomó, y a cambio le dió otro grueso fajo de papeles grapados por una esquina.
 -Deberíamos denunciarla a las autoridades, pero en todo este tipo de casos rara vez, por no decir nunca, se recupera la totalidad de dinero robado, y tiene poca utilidad, más allá del factor ejemplarizante con el resto del personal, que hace que se piensen mejor el meter la mano dónde no deben. Por ello, hemos decidido llegar a otro tipo de acuerdo con usted -Y le tendió los papeles grapados que había tomado de su secretaria-.

-El... el trajado de oficina que me ha comentado mi supervisor -dijo casi en susurros Rachel. La señora Ford y su secretaria sonrieron ligeramente, la primera con un toque de malicia en sus ojos-.

-Si, podría denominarse así, algo de... como lo diríamos... trabajo de "escritorio" -dijo, dándole un tono extraño a la expresión, y sacudió los papeles que tenía en la mano, para que Rachel volviese a percatarse de ellos, al tiempo que la secretaria sacaba un bolígrafo, y también se lo tendía a la ladrona.

Rachel, nerviosa, tomó ambos.

-Estos papeles permiten que sea reasignada a una nueva posición en la empresa. Si los firma, a cambio, le perdonaremos su indiscreción, podrá quedarse con el total del dinero robado, devolviéndolo con su "trabajo" -De nuevo repitió el tono extraño con la palabra-, y seguirá formando parte de esta compañía.

Rachel empezó a hojear por encima los documentos. Todo estaba lleno de jerga legal, con incontrables palabras inentendibles. Quiso empezar a leerlo, pero sabía que le llevaría horas y no entendería ni la mitad de lo que ponía. Como si le hubese leído el pensamiento, la señora Ford le dijo.

-Le aviso, Rachel, que esta oferta tiene un caracter limitado de sólo unos minutos. Si no lo firma antes de que me canse, nos olvidaremos de ello, y los caballeros junto a usted la escoltarán a la comisaría más cercana -el rostro de la millonaria se torció de ira-, donde se presentará la denuncia y usted acabará en la prisión más cercana, porque le aseguro que usaré toda mi influencia para que la máxima severidad de la justicia cáiga sobre usted -Señaló entonces con el ídice los documentos-. Así que, le recomiendo que firme antes de que pierda mi poca paciencia.

Rachel vió en los ojos de la señora Ford que no se tiraba en absoluto un farol. Si no firmaba estaba acabada.

Rendida, suspiró y pulsó el botón del bolígrafo para sacar la punta. Después de que la secretaria le indicase que bastaba con firmar la última página, apoyándose en la espalda de uno de los guardas de seguridad, rubricó esa especie de contrato. La secretaria tomó el contrato, lo examinó, y se repitió el proceso firmando, esta vez con la dueña del negocio, pero con su propia pluma esta vez, una auténtica joya dorada y roja con extraños grabados, y que tenía pinta de valer una fortuna. Cuando la señora Ford terminó de plantar sobre el papel su autógrafo, sucedió algo extraño, tanto su firma como la de Rachel empezaron a brillar, como si la tinta estuviese al rojo vivo, y la ladrona sintió un extraño escalofrío recorrer hasta el último centímetro de su ser, parecía que llegando casi hasta su propia alma. Y quizás no estuvese muy desencaminada.

-Perfecto, con esto está hecho -dijo con malicia Aria, mirando a Rachel, mientras la secretaria miraba las firmas, asintiendo y volviendo a guardarlo todo en el maletín-. Ahora eres mia -continuó la señora Ford-, ahora podré disfrutar de esas preciosas piernas tuyas más allá de en los videos de vigilancia -Rachel fue a acercarse a la millonaria y decir algo, pero los matones la agarraron con fuerza, mientras Aria Ford no le quitaba el ojo de encima, sin parar de reir con maldad.

-Q... ¿¡Qué es eso!? ¡Dijo que bastaría algo de trabajo de oficina para que quedásemos en paz! -chilló Rachel-.

-Y así es jovencita, vas a hacer trabajo de oficina. Vas a hacer trabajo de "escritorio" -de nuevo usó la palabra con un deje retorcido-, aunque quizás sea más exacto decir que vas a trabajar... de escritorio.

Hizo un gesto a los matones.

-Desnudadla -espetó con autoridad-.

Rachel se sorprendió cuando el gorila de su derecha de un simple movimiento de brazo descarró su camisa, dejando al descubierto su sujetador. Empezó a retorcerse con todas sus fuerzas, pero era inútil, los guardas de seguridad que la sujetaban con fuerza, y la superaban ampliamente. Ni siquiera se inmutaban de sus esfuerzos. Y lo más espeluznante era que su rostro seguía completamente neutro, igual que si en vez de desnudando a una chica en contra de su voluntad estuviesen conduciendo un coche, o viendo la tele. La ladrona gritó, pero nadie la escuchó. Pidió ayuda, pero nadie vino. Recordó que la planta estaba vacía.

Cuando sólo le quedaba la ropa interior, y su ropa descansaba en el suelo medio desgarrada, dejó de gritar y empezó a insultar a los que estaban en la sala. No sabía que le iba a pasar, pero estaba segura de que ya no se iba a librar.

-Como me hagáis algo... os juro... os juro que... -empezó a decir, pero Aria Ford se acercó a ella y la cogió por la barbilla, mientras lágrimas de ira y miedo caían por ella.

-¿Y que vas a hacer cariño? Ahora que me perteneces. Eres mia, y no tienes ni idea de hasta que punto lo eres -la soltó y los matones siguieron desnudándola-. Porque para eso era el contrato que has firmado. Según él, el dinero que robaste se considera el pago por tu persona, y a cambio de él ahora eres de mi propiedad. Tú, tu cuerpo, y tu alma. Desde que me enteré de tus hurtos, y vi fotos y videos tuyos, me quedé prendada de tus estupendas piernas. Largas, estilizadas, bien formadas... me recordaban mucho a las de mi juventud, cuando no me costaba tanto esfuerzo mantenerlas como las tuyas -dijo entre suspiros-. Un auténtico regalo para la vista. Entonces se me ocurrió que podría disfrutar de ellas de forma más... carcana, y de paso darían un toque diferente a mi nuevo despacho, del que seguro que se fijarían las visitas de negocios. Si no hubieses sido una ladrona, simplemente te habría contratado para hacer de modelo y hubiesen hecho una escultura a partir de ellas. Pero nadie me roba sin pagar por ello, y así además sabré que mi despacho tiene una pieza verdaderamente exclusiva -rió con malicia-, porque tampoco estará la modelo libre para poder hacer una réplica.

-¡Estás loca! -gritó Rachel-. ¿¡Cómo voy a ser un puto mueble en tu despacho!? ¿¡Es que me vas a atar a una tabla y esperar que no me mueva, ni que escape!? ¡Por no olvidar que nadie que venga a verte, sin importar quien seas, se va a quedar quieto viendo a una persona atada y amordazada en tu oficina, sin decir nada a las autoridades! ¡Porque ten por seguro que gritaré y me retorceré todo lo que pueda, mientras pueda! ¡Y entonces veremos que es peor, si mi robo, o tu secuestro! -Pese a todo, la millonaria la ignoró, aunque no quitaba ojo al proceso de desvestido.

Finalmente Rachel, firmemente agarrada por los gorilas, estaba totalmente desnuda, salvo por sus zapatos de tacón. Cuando se los iban a quitar, Aria hizo un gesto los seguratas para que los dejasen.

-Me gusta como realzan sus piernas -Dijo. Tras ello, hizo un ademán a su secretaria, y esta de nuevo abrió el maletín, se puso unos guantes de látex, y sacó un dildo ondulado, y un pequeño bote, con gotero, que parecía algún tipo de lubricante. Finalmente Aria volvió a dirigirse a Rachel.

-Veremos como gritas y te retuerces en unos minutos -dijo Aria maliciosamente-, cuando use mi magia.

Rachel puso los ojos como platos, totalmente incrédula.

-¿¡Magia!? Definitivamente estás como una cabra -bufó Rachel, aunque se estremeció, dudando, cuando recordó eso tan raro que vió en las firmas. Quizás... pero no, no podía ser, la magia es cosa de cuentos, no de la realidad. Tenía que ser un truco de algún tipo para meterle miedo. Escupió con desprecio al suelo-. No entiendo como puedes tener el poder que tienes creyéndo en la magia, como los niños -la millonaria rió-.

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« Reply #1 on: November 05, 2014, 09:59:53 PM »

-Precisamente por la magia tengo el poder que tengo -y tomó por la base el consolador de la mano de su secretaria. Lo había empapado con el líquido del gotero, que tenía un tono ambar, como si fuese miel, pero no tan espeso, y con cuidado de que no gotease ni mancharse con ello. El dildo era de color marrón claro, bien mirado se hubiese podido ver que era de madera. "Extraño material para un dildo", pensó Rachel fugazmente-. Y ahora vas a poder sentirla en tus carnes -Aseveró la señora Ford mientras los examinaba-. Inclinadla -Ordenó-.

Aria se puso detrás de Rachel, mientas los gorilas la sujetaban agachada, dejando su culo en pompa y su vagina totalmente expuesta. Sujetó el dildo con la mano izquierda mientras que metió el dedo medio de la derecha en su vagina, mientras la masajeaba. Rachel gimió con rabia, y de nuevo empezó a maldecir e insultar. Aria sabía donde tocar para, pese a la situación, producir algo de placer en Rachel. Finalmente sacó el dedo, lo olió, y se lo metió en la boca, chupandolo con calma.

-Delicioso. Se nota que eres joven. Si nos hubiesemos conocido en otras ciscunstancias, posiblemente habrías acabado en mi cama.

-¡Puta pervertida! -gritó Rachel. La millonaria la miró con arrogancia-.

-Hubiese hecho esto más lento y placentero para ti, si al final te hubieses portado más educadamente. Pero si quieres ser desagradable hasta el final, yo también lo seré -Y con un gesto depositó la punta del consolador sobre su vagina, y de golpe lo introdujo hasta su misma base, ocultando completamente los genitales de Rachel.

La ladrona gritó por la violación.

La señora Ford mantuvo la palma de la mano apoyada en la base del dildo y recitó unas extrañas palabras que sonaban como a latín.

-"Nunc mea es. Tu es mihi, et sola causa est voluntas. Ex hoc nunc et usque in sæculum. Sic, sic iubeo, nunc carne est lignum, quod in te est" (1).

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Rachel. Encuestión de segundos sus movimientos empezaron a ralentizarse, como a ir a cámara lenta, y su voz fue atenuándose, hasta desaparecer. Finalmente su cuerpo se detuvo. Era no sólo como si no le repondiese, si no como si se hubiese quedado cogelado, detenido en el tiempo. Entonces un profundo terror sacudió la mente de Rachel.

Quizás lo de la magia no era una locura después de todo.

Los seguratas la soltaron y calló al suelo como si fuese un bloque de piedra, y ni siguiera el golpe que recibió la hizo cambiar de posición lo más mínimo. De hecho, el sonido que hizo al golpear la superficie fue como si su piel fuese rígida. Empezó a sentir una sensación extraña en su vagina, totalmente llena por el dildo. Era difícil explicarla. Era fria, y al mismo tiempo caliente. También como si diminutas agujas se fuesen abriendo paso a traves de ella, pero simultaneamente, como si sus músculos se estuviesen estirando tras una larga siesta, y se quedasen fijos en esa tensión. Todo ello acompañado de unos crujidos y chasquidos que recorrían su cuerpo. Entonces la secretaria empezó a exclamar palabras de asombro y admiración, dirigidas a su jefa, que le respondía con frases de falsa modestia. Los guardas de seguridad seguían impasibles, ignorando lo que quiera que le pasase a la ladrona.

La sensación fue avanzando, dominando el torso de Rachel. En apenas un minuto sus brazos y piernas también cayeron en el influjo, y apenas un momento después su cabeza, extrañamente, empezó a sentirlo en su pelo, como si de repente tuviese sentido del tacto en él. Era algo... raro.

Rachel intentó luchar con la sensación, luchando por mover aunque sólo fuese un simple dedo meñique, pero fue inútil. Y entonces se dió cuenta de algo.

Desde que se había quedado helada no había respirado. Nada. Y pese a todo no sentía ninguna sensación de ahogo.

El terror de su mente empezó a sazonarse con una buena pizca de pánico, pero le era imposible expresarlo, dada su inmovilidad.

-Muy bien cielo, ahora levántate y ponte firme -le dijo la señora Ford-.

Para sorpresa de Rachel, su cuerpo obedeció la orden, pero se movió igual que si fuese un robot, con movimientos mecánicos y simples, hasta que finalmente se puso derecha, con los brazos rectos a los lados, y la mirada al frente. Cerró la boca, que se le había quedado congelada en medio de un grito y su cada adquirió un rostro neutro e inexpresivo.

-¡Excelente! -exclamó la, ahora confirmada, bruja. Hizo un gesto a uno de los seguratas-. Creo que uno de los baños comunes femeninos de la planta aun está a medio montar, y me ha parecido ver en la anterior inspección que tiene un espejo suelto aun sin colgar. Traelo, que quiero que nuestra empleada pueda ver su estado actual.

El gorila salió, mientras tanto Aria y su secretaria daban vueltas en torno a Rachel, admirándola y tocándola, produciendo un efecto ligeramente placentero en ella con cada roce, cada vez más intensa que la anterior. Al cabo de unos minutos, el guarda apareció con un gran espejo entre sus manos. Aria le hizo un gesto.

-Ponte aquí, frente a ella, a un par de metros, que la señorita Rachel pueda disfrutar del espectáculo que representa -El matón así lo hizo y entonces Rachel se vió tras parálisis por primera vez-.

Gritó.

Gritó con tanta fueza como pudo.

O más bien quiso hacerlo, pero su cuerpo no le obedeció, y se limitó a hacerlo dentro de su mente.

-¿Que era lo que decía de la magia, señorita Rachel? -Se mofó la bruja-.

Ante ella, en el espejo, había una estatua de madera clara, lisa, y con sus rasgos y su pelo como esculpido -"Por eso empece a 'sentirlo'", pensó Rachel-, y los zapatos de tacón fusionados con sus piés -Se dió cuenta que también sentía los tacones, ya que ahora eran parte de sus propios pies-. Sus ojos, con las pupilas lisas y sin expresión alguna. Vacías.

Aria Ford dió una palmada y el guardia bajó el espejo, saliendo del despacho con él, seguramente para devolverlo a su lugar.

-Preciosa -dijo Aria mientras acariciba el culo de Rachel. Su secretaria carraspeó-.

-Señora, será mejor que vayamos terminado, tenemos citas que mantener -la millonaria bufó-.

-Muy bien. Es una pena, estoy disfrutando de esto. Ya sabes lo que me gusta dominar completamente a alguien y que sea mi juguete. ¿Verdad Anna? -La secretaría se sonrojó, mientras Aria la miraba con lujuria-.

Se puso frente a Rachel y situó sus dos manos a los lados de su cabeza. La ladrona empezó a suplicar mentalmente para volver a ser humana, pero fue ignorada.

-En adelante, oirás a traves de los oídos de tu dueña, y leeras sus pensamientos -Dijo con voz profunda la señora Ford-.

Unas imagenes como destellos empezaron a invadir la mente de Rachel, casi todos como si se viese a si misma a traves de otros ojos. Los de Aria.

-Ahora vamos a eliminar el material sobrante -siguió la bruja-. Aunque eres guapa, no tienes mucho pecho, y la idea que tengo para que seas mi nuevo escritorio todo lo que tienes de cintura para arriba nos sobra. Así destacaremos más aun lo excelente de tu físico, que son tus piernas -Las señaló con un movimiento con la mano derecha-. Así que te ordeno que asimiles todo tu cuerpo de cintura para arriba -chaqueó los dedos-. Ahora.

Rachel sintió como su cuerpo, igual que si fuese una marioneta, obedeció a sus expensas, y puso los brazos en cruz. A continuación empezó a sentir una sensación de presión en las manos, que empezó en la punta de sus dedos y fue avanzando a lo largo de ellos. A traves de los ojos de Aria vió como empezaban a acortarse, desapareciendo sobre sus palmas, para que justo después estas los siguiesen sobre las muñecas, y finalmente los brazos hasta sus hombros. En apeñas medio minuto sus brazos habían desaparecido. Entonces empezó a sentir la misma sensación en su cabeza. De nuevo vio por los ojos de la bruja como su rostro perdía detalle, como su pelo esculpido se alisaba, convirtiendo su cabeza en un huevo, pero sólo durante unos pocos segundos, antes de que este empezase a encogerse y ser absorbido sobre el cuello, que pasó a ser sólo un muñón liso.

-Nunca me canso de ver esto -dijo entre risas maliciosas Aria Ford. Rachel, totalmente en shock al saberse sin cabeza, se dió cuenta que había oído el comentario a traves de su mente y que al no tener cabeza, su capacidad de ver y oir ya sólo era posible a traves de los ojos de la millonaria, que ahora dominaba casi toda su capacidad de sentir. El único sentido que mantenía por si sola ya era el tacto, y este estaba condicionado principalmente por el placer cuando era acariciada.

"Si esto sigue así -Pensó Rachel-, acabaré loca".

El muñón del cuello fue encogiéndose sobre los hombros, hasta que sólo quedo un busto y sus piernas. Pero poco tiempo duró. Sus pezones desaparecieron, sus de por si pequeños senos empezaron a encogerse sobre su tórax, y todo su torso superior se empezó a encoger sobre su cintura después. Finalmente, el bulto en el que se había convertido la parte superior de su cuerpo acabó completamente liso, como si lo hubiesen seccionado. De hecho, Rachel ya no lo sentía. Podría verse a si misma a traves de los ojos de la bruja siendo sólo el par de piernas de las que estaba tan orgullosa, sin saber ya que pensar entre la mezcla de incredulidad, miedo, y estado de shock.

-Estamos terminando -Asintió la bruja-. Hagamos ahora algo para que tu base superior sea algo últil -Una imagen mental asaltó a Rachel como un fogonazo, entre medias de la vista que le mandaba la bruja, de unos huecos que debía haber en su muñón liso, y se empezón a formar exactamente iguales a esa imagen.

Rachel supo instintivamente entre medias de su estado casi de locura que servirían para depositar papeles y otros materiales de oficina. Un pensamiento arremetió sus pensamientos dejándola aun más desconcertada: "Es lo apropiado para un buen escritorio tener lugares para ordenar el material de oficina". Parecía que su mente estaba empezando a ser lavada también. Ni siquiera podría mantener esa parte de si misma. Y por ello su rabia se convirtió en tristeza.

Cuando los huecos terminaron de crearse, Aria asintió.

-Excelente. Y ahora ve a hacer tu trabajo. Fusionate con el tablero que tienes frente a ti, absorbiendo en su entrepierna su esquina exterior, tal y como te mando mentalmente -Rachel vio como se formaba en su mente la imagen de la posición donde ella debía ir, y como quedaría finalmente-, colócate con las piernas como si fueses a dar un paso, tras lo cual no debes moverte nunca más. Solidifícate como si siempre hubieses sido un bloque de madera esculpido.

Las piernas de Rachel empezaron a caminar, hasta alcanzar su posición. Sintió como la madera del tablero la atravesaba como si fuese mantequilla, y finalmente se soldaba con ella. Adquirió la posición que su dueña le había pedido y se quedó quieta. Entonces Rachel de nuevo se sorprendió al darse cuenta que había pensado en Aria como en "su dueña".

En un último acto de rebeldía intentó gritar mentalmente su nombre, pero se detuvo a la mitad, al darse cuenta que ya no lo recordaba, y que lo único que le venía a la mente al intentar hacerlo era la palabra "escritorio".

-Perfecta. Ha quedado sencillamente perfecta -dijo la señora Ford al tiempo que acariciaba el culo de Rachel, ahora una pieza de mobiliario erótico, y esta sentía el placer del toque de la mano de su dueña sobre ella, luchando por evitar que la dominase-. ¿Verdad Anna?

-Así es señora -miró su reloj-. Pero le recomiendo que nos marchemos ya, o no llegaremos a la reunión que tiene para almorzar.

-Cierto -respondió la bruja-. Será mejor que nos vayamos entonces. Por favor Anna, contacta con el personal adecuado para que vayan trayendo mis pertenencias al despacho, no quiero perder ni un día en poder disfrutar de mi nueva adquisición.

La bruja acarició con el dedo medio el lugar donde debería estar el sexo de Rachel, oculto por la base del dildo que la había transformado en un bloque de madera. Pese a todo, la ladrona lo sintió como si la caricia fuese en su propio clítoris, enviando sensaciones de placer tan intensas que casi pierde el sentido.

-Tranquila cielo -le dijo mentalmente Aria mientras se dirigía hacia la puerta, acompañada de su secretaria y los dos gorilas-, tú y yo vamos a pasarlo muy bien juntas en adelante. Si te portas bien, quizás en unos años considere que has saldado tu deuda, y te devuelda tu forma humana, en lugar de venderte en alguna subasta como una obra de arte -Una risa malévola cruzó la cara de la bruja-. Pero tampoco te recomiendo que seas excesivamente buena en tu nuevo trabajo, o consideraré ampliar tu nuevo contrato de forma... indefinida -La millonaria soltó una carcajada y salió por la puerta, dejando el despacho vacio, salvo por la nueva pieza de mobiliario.

La más absoluta oscuridad calló sobre el escritorio anteriormente conocido como Rachel, tras desvanecerse las imágenes y sonidos que le enviaba mentalmente Aria al alejarse, y quiso gritar, pero cuando las perdió, sintió como se reforzaba bruscamente su sentido del tacto, del que aun perduraba la sensación provocada por la caricia que le hizo en su entrepierna su dueña -ya sólo podía pensar en la bruja de esa forma-, y un orgasmo más intenso que cualquier cosa que hubiese sentido antes la inundó, rompiéndo finalmente los pocos resquicios de resistencia que le quedaban. Y otro orgasmo después. Y otro. Y otro. Y otro...

Cuando horas después finalmente recobró el sentido, Rachel había desaparecido.

Sólo quedaba una pieza de mobiliario erótico con algo parecido a una mente, y un alma, en su interior. Su único deseo era ser un buen escritorio para su propietaria. Era su propósito. Ser útil a su dueña. Era para lo que existía, y por eso había pagado su ama una abultada suma de dinero.



Y aunque la mente que se denominaba a si misma "escritorio" no sabía que era eso del dinero, ni para que servía -algo le decía parecía algo importante para los humanos-, si quedase algo de Rachel que pudiese opinar, no estaría segura de si el destino que desencadenó el dinero que robó a Aria Ford fue un pago... justo.

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(1) "Ahora eres mía. Existes para mi, y mi voluntad será tu única razón de ser. Desde ahora y para siempre. Así pues, te ordeno, que ahora tu carne es sólo madera, como la que tienes en tu interior". Os aviso que he usado el traductor de Google para traducirlo, así que no es que tenga mucha confianza en el resultado ^^U .



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Espero que os guste, y agradecería mucho si alguien se ofreciese a traducirla al inglés, ya que el mio es muy malo, el traductor de Googles es malísimo, y yo puedo tirarme sin problemas 40 minutos para un simple párrafo, y que el resultado siga sin ser muy satisfactorio Sad.
De hecho, el que mi inglés sea tan malo es una de las razonas por las que casi nunca termino las historias que escribo o porque acaban en simples bocetos, al saber que el público al que va dirigido es muy inferior al habitual dentro del "genero" y que la mayoría de posibles interesados ni se fijará en ella Sad.
Pero bueno, ya me he quitado la espinita de la escritura durante unos meses con esta. Espero que la hayais disfrutado.
« Last Edit: November 05, 2014, 10:03:01 PM by posyomismo » Logged
FrozetaShintoriFan
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« Reply #2 on: November 12, 2014, 12:46:39 PM »

Gracias por compartir. Es una pena que no la puedas poner en inglés, así podría comentar más gente. Sad
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