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Author Topic: Mobiliario erótico (Historia en español)  (Read 4999 times)
posyomismo
Gorgon Knight
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« on: May 13, 2010, 03:19:44 AM »

Espero no equivocarme y postear esta historia en el lugar correcto Huh?.
Hola, soy Posyomismo, y vengo a postear mi primera historia de ASFR... completa. Un par de veces he comenzado a escribir alguna historia corta de temática de transformación inanimada, pero finalmente la pereza ha podido conmigo, y aunque toda la historia base la tenía ya terminada, finalmente la dejaba inconclusa en mi PC.
Pero ayer me dieron una mala noticia en el trabajo (básicamente no me renuevan el contrato por recortes de personal, así que en menos de un mes me quedo en paro, y con la situación ecónomica actual, ya me direis con el ánimo que me quedo...), y necesitaba despejar un poco la cabeza y pensar en otra cosa. Así que me puse a escribir.
Y tras casi 16 horas, finalicé mi relato. Va acompañado de las fotografías que me han inspirado para desarroyarla, que aunque no son imágenes de transformación en sí mismo, sí que tienen cierta relación con la temática ASFR.
La historia está en español. Por desgracia, mi inglés es, cuanto menos, muy mediocre -suelo tener que recurrir a traductores automáticos para leer historias de Legacy of Timeless Beauty Archive-. Pero si alguno de los miembros bilingües del foro se anima a pasarla al idioma de Shakespeare, no solo no me importará, si no que lo agradeceré mucho Smiley.
Y aviso de antemano que tiene escenas sexuales, muy subidas de tono. Y las imágenes contienen desnudos -bueno... más o menos desnudos...-. Así que a los puritanillos, os recomiendo no seguir Cool.
Por cierto, el título es provisional, pero aun no se me ha ocurrido ninguno más apropiado Sad.
Bueno, me dejo de cháchara. Ahí va, espero que os guste Smiley.

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Mobiliario erótico
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(Dedicado a Northern Chill, Dmuk, Mad Bird, y todos los grandes del mundillo literario ASFR, que me han alegrado el día con sus relatos en más de una ocasión)
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-Perdona, ¿nunca te han dicho que tienes un cuerpo impresionante?

Anna se giró sobresaltada. Que le dijesen algo así de noche en la discoteca no sería una novedad, pero que se lo dijesen en el supermercado mientras hacía la compra del día, no era tan común. Y menos aun si se lo decía otra mujer.

Una morena bastante imponente, aunque algo entrada ya en años (estaría rondando la mitad de los 40), la estaba mirando de arriba a abajo sin el más mínimo reparo. Iba bien arreglada, con gafas de sol, traje chaqueta azul marino, provocativa, con un buen escote y falda por encima de la rodilla, con medias de encaje y ligero casi visible. Al tiempo llevaba un pequeño bolso y una cesta de la compra medio cargada.

-¿Disculpa? -Le respondío Anna.

-Um... pedona cielo, pero es que me has dejado impresionada con el tipazo que tienes -La mujer colocó las gafas sobre la cabeza, tenía los ojos de un verde profundo. Anna intentó disimular la cara de circunstancia que se le estaba poniendo: nunca había intentado ligar con ella otra mujer.

-Eh... esto... gracias, pero es que... llevo prisa... -La desconocida, con una voz aterciopelada, se comportaba atrevida, desvergonzada, como si se conociesen de toda la vida. Y la miraba con unos ojos con deseo, casi ahnelantes. De repente se sobresaltó ligeramente, como dándose cuenta de algo.

-¡Oh! ¡Lo siento cariño! No estoy intentando ligar contigo -Dejó la cesta en el suelo y metió la mano en el bolso, sacando una pequeña cartulina- Soy Diana, diseñadora y escultora, y tu cuerpo me ha parecido una obra de arte digna de inmortalizar. Toma mi tarjeta -Se la tendió a Anna, que la cogió y examinó. Diana Sodenberg, escultura, diseño y mobiliario por encargo, e indicaba además que era ganadora de un primer premio de escultura de una galería que nunca había oido mencionar.- Con tus medidas podría hacer una estupenda escultura en madera, quizás incluso podría usarte como figura para una pieza de mobiliario erótico.

-Si, muchas gracias. Yo soy Anna, Anna Whelan -la joven se guardó por educación la tarjeta en el bolsillo-, pero no estoy interesada. Todo eso de ser modelo no me gusta, me parece un poco... denigrante, para la mujer. No se ofenda.

-Tranquila cielo, no me ofendo -Diana sonrrió-. Pero esto no es un trabajo de modelo normal. Date cuenta de que yo hago arte, nada de mal gusto, o en el que tengas que mostrarte ante cientos de rostros anhelantes que babean por ti. Además, pago muy bien, por una sola sesión de cinco hora de posado puedo pagarte hasta mil euros. Y tus medidas además lo valen. Y piensa que tu belleza sería inmortalizada, las generaciones futuras podrían admirar tu cuerpo años después de que este se marchitase con el tiempo.

-Se lo agradezco, pero no me interesa... -Anna retrocedió-, no entiendo mucho de estas cosas, y además no me van mucho -se encaminó por un pasillo del super-. Perdone, pero llevo prisa... encantada de haberte conocido.

-El placer ha sido mio cielo -la sonrrisa de Diana seguía inmutable en su rostro-, pero piénsatelo. De verdad cariño, merece la pena.

-Lo haré, hasta otra -Anna la perdió de vista y se encaminó a la caja del super.

"Estos artistas están mal de la olla", pensó Anna. Pese a que le dijo que no intentaba ligar con ella, la verdad es que la mirada golosa con la que la examinó parecía otra cosa. Tenía la sensación de que era capaz de verla por debajo de su ropa completamente desnuda. Ni siquiera con algunos salidos que la habian "acosado" en ocasiones cuando salía de marcha se había sentido tan objeto de deseo. Aunque claro, hoy estaba sola, y en las otras ocasiones suele tener al menos a alguna amiga o su hermana de compañía, para suavizar un poco la tensión.

Pagó en la caja y se dirigió a su pequeño apartamento andando. Cuando llegó, vació el buzón bufando.

-Facturas, facturas, facturas... -dijo susurrando. Con la fastidiosa crisis económica, la habían echado del trabajo que tenía, y tras casi un año parada, las ayudas por desempleo se le había agotado, y sus ahorros ya estaban casi al mínimo. Incluso el mes pasado estuvieron a punto de cortarle la luz por retrasarse en el pago.

Entró en su casa y, tras colocar la compra, se dispuso a hacer la comida y no darle más vueltas a la cabeza. Siempre acababa deprimida cuando pensaba en su situación. A este paso le tocaría volver a vivir con sus padres y su hermana pequeña, y no le hacía mucha gracia. Desde que había comenzado sus estudios de marqueting había conseguido vivir por su cuenta sin depender de nadie, a base de becas mientras estudiaba y con trabajillos menores y de camarera. Había alquilado un pequeño apartamento de una habitación -el mismo en el que seguía viviendo-, viejo pero muy barato, y tras tres años de estudios, entró a trabajar como secretaria auxiliar en una oficina gestora. Allí había estado cerca de dos años, pero con los recortes de personal fue de las primeras en irse a la calle. Y en estos momentos se encontraba con 23 años, sin trabajo, sin un duro, y sin previsión de trabajo en un margen de tiempo corto (salvo por el de camarera en un pub de un compañero de estudios, que cuando hacían fiestas la llamaba como camarera, pero no daba ni para comer...).

Estaba jodida.

Sacudió la cabeza, "Ya estoy igual, como siempre, dándole vueltas al coco, y ya he pensado todas las soluciones posibles. Cuando llegue el agua al cuello ya pensaré que hacer, por ahora aun me quedan unos meses de margen". Puso una cacerola con agua en el fuego y se concentró en la comida.

Tras comer, dedico el resto de la tarde en lo mismo de siempre: buscar curro por internet. Casi todos lo días hacía lo mismo, primera hora de la mañana a correr un poco por el parque, tras lo cual, ducha, desayuno y ronda por toda empresa nueva conocida a echar currículums. La media tarde, tras comer, mirar por internet, por si aparecía algún trabajo. Y el resto del día o estudiando por su cuenta algún curso gratuito para mejorar su formación (siempre tenía que estar haciendo algo de provecho, no podía estarse quieta) o si los ánimos no la acompañaban, cogía un libro y se desahogaba leyendo hasta la noche. Y aquel día no fue una excepción.

Cuando llegó la hora de ir a la cama (pronto, en las empresas siempre se da mejor imagen entregando el currículum temprano), y comenzó a desvestirse, al vaciar los bolsillos de sus vaqueros, se encontró con la tarjeta de la escultora, en la que no había vuelto a pensar en todo el día, y se la quedó mirando. Una única frase le vio a la mente, repitiéndosele una y otra vez: "una sola sesión de cinco hora de posado puedo pagarte hasta mil euros".

"Mil euros" pensó, "no es una solución, pero me daría si lo administro bien al menos tres meses más de maniobra mientras surge algo decente". Ella siempre había despreciado los trabajos de modelo y similares. No era una feminista radical ni mucho menos, pero nunca había podido evitar tener la sensación de que esos trabajos potenciaban la imagen de la mujer como objeto. Promocionando un esteorotipo de mujer delgada y curvilinea irreal. Y lo más gracioso de todo... es que ella tenía ese cuerpo esteorotipado.
Aunque tenía una cara bastante bonita, tampoco sobresalía mucho por encima de la media. Y su pelo castaño, aunque se lo cuidaba -de nuevo, había que cuidar la imagen de cara a posibles trabajos-, nunca lo tuvo especialmente bonito. Pero su cuerpo... eso era harina de otro costal.

Como muy bien había indicado Diana, tenía unas medidas perfectas. Pechos firmes y grandes, pero no excesivos. Cintura delgada. Un buen culo -como le indicaba a menudo alguna que otra amiga con envidia-, bien formado. Y unas piernas largas, delgadas y contornedas. No tenía el ideal de 90-60-90, pero andaba cerca. Con su cara nunca hubiese llegado a supermodelo, pero con su cuerpo si podría haber llegado al menos a modelo de pequeñas revistas de moda, o ser una azafata de eventos públicos medianamente popular. Pero el mencionado menosprecio que tenía a esos trabajos, además de lo vergonzosa que era en lo referente a mostrar "de más" su figura (incluso en verano, cuando iba a la playa, las miradas que le lanzaba más de un "moscón" la cortaban), había hecho que ni se plantease trabajar en ello.

Pero cuando la necesidad aprieta...

Y mil euros... son mil euros.

Comprobó su reloj. Aunque no era precisamente temprano, aun no era demasiado tarde para realizar una llamada de teléfono. Cogió su móvil y, tras quedarse mirándolo unos segundo, pensando bien lo que iba a hacer, finalmente marcó el teléfono de la tarjeta y llamó. Apenas dos toques después, le decolgaron, y oyó la suave voz de Diana.

-¿Sí?

-Esto... hola. ¿Diana? Soy Anna. Nos hemos conocido hoy en el super, y...

-¡Hola cielo! En cuanto he oido tu voz sabía que eras tú. ¿Que deseas? ¿Quizás te has replanteado mi ofrecimiento?

-Pues... la verdad es que si -esta mujer la cohibía incluso por teléfono-. Llevo parada casi un año y los ahorros van acabándose, y... los mil euros que mencionaste son muy golosos...

-¡Excelente cielo! Lo cierto es que no he parado de pensar en ti desde que te vi. De hecho, ya hasta he pensado para que serías una excelente modelo. Una cajonera de abedul... además me vendrías inmejorable como nueva obra para una exposición que tengo que realizar en una galería en...

-¿Perdona? ¿Una cajonera? ¿No eras escultora? -Anna estaba estupefacta, ¿que demonios tenía que ver una cajonera con ella? Esto empezaba a ser excesivamente raro.

-Si cariño, es que estoy especializada en muebles eróticos. Vendo algunas cosas por encargo, pero mi principal actividad (y lo que me da cierto renombre en el mundillo de la escultura) es diseñar y esculpir muebles con formas total o parcialmente humanas. Ya verás, te encantará.

-No se... esto es muy extraño... pensaba que sería posar para una simple escultura o algo así... Ya me ha costado llamar pensando que era para algo más normal, pero esto... me parece que al final lo voy a dejar correr.

-Pero si no es nada tesoro, de verdad. Mira, hagamos una cosa, te ofrezco por posar el doble, dos mil euros -Anna se sobresaltó, empezaba a ser una cantidad de dinero apreciable... pese a que era algo muy raro, una vez terminase, podría olvidarse completamente de ello. Diana siguió- ¿Qué opinas cielo? ¿Te parece más tentador? Lo cierto es que tu figura me ha encandilado, y la quiero inmortalizar a toda costa. Hay por ahí tanta niñata engreida que se cree sensual por tener una cara bonita, pero tú tienes el cuerpo perfecto, aunque intentes ocultarlo y disimularlo. No hay comparación vamos... A lo largo del año, solo veré a un par de modelos dignas de compararse contigo -pausó un momento, tomando aire y dijo lentamente- ansío inmortalizar tu belleza cariño, pocas lo merecen más que tú.

-Yo... esto... me sigue pareciendo muy raro, pero... Está bien. Acepto el trabajo.

-¡Magnífico! ¿Podrías acercarte ahora mismo a mi taller?

-¿Cómo? ¿Ahora? -Anna se sorprendió. Estaba a mitad de semana y la mayoría de gente a estas horas ya estaba encerrada en su casa.

-Claro cariño, por si no te has percatado, estoy ansiosa de empezar a trabajar contigo. Además, yo siempre trabajo de noche. Me encuentro más... -se interrumpió, para hacerse la interesante- cómoda.

-Bueno... es muy brusco. Yo pensaba dejarlo para la semana que viene si fuese posible...

-No podre dormir esperando hasta entonces. Quisiera empezar ya mismo -en ansia era apreciable en su voz-. Mira, si vienes ahora mismo, subo a 2500 euros ¿te parece?

-Eu... bueno -joder, más pasta, tendría que replantearse seriamente lo de trabajar de modelo...-, está bien... dame unos minutos para arreglarme, que ya me iba a la cama -Diana le dió la dirección de su taller de trabajo y Anna la apuntó en un papelillo. Estaba a quince minutos andando de su apartamento, muy cerca del supermercado en el que se había encontrado con ella. Creía saber donde era, un viejo edificio de oficinas, con solo tres plantas, en la zona comercial de la ciudad. Se despidió de Diana por el teléfono, diciéndole que tardaría como mucho media hora.

Al final, solo poco después de veinte minutos, llegó a su destino. Llamó por un timbre electrico y en apenas un segundo se le abrió la puerta. Parecía que la estaban esperando al lado mismo del timbre.

---Continua en el siguiente post.
« Last Edit: June 18, 2017, 06:02:05 PM by posyomismo » Logged
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« Reply #1 on: May 13, 2010, 03:20:39 AM »

Cuando entró por la puerta, vio una gran habitación llena de muebles de oficina. Pero todo estaba vacío y cubierto de polvo, parecía que nadie había usado ese sitio en años. Le estaba dando bastante mal rollo. Antes de que pudiese pensar más en ello, Diana bajó por unas escaleras cercanas a la puerta principal, sonrriendo. Llevaba un delantal de cuero sobre el cuerpo... literalmente. Salvo unas bragas de encaje, un collar plateado hecho de grandes eslabones con una especie de símbolo estraño en el mayor eslabón central, y unas zapatillas deportivas, no llevaba nada más.

-Oh Anna, cielo, ya estás aquí. Estupendo -agarró a Anna por el brazo derecho, casi abrazándose de él y la arrastró-. Por aquí cariño, el taller lo tengo en la segunda planta. Y no te asustes por mi apariencia, me gusta trabajar ligerita de ropa. Y de no ser porque con algunas herrmaientas saltan chispas, ni el delantal llevaba.

-Yo... cuando he visto todo esto como abandonado pensaba que me había equivocado... -Si ya de por sí Anna se encontraba coartada con la presencia de Diana, el que estuviese semidesnuda ante una mujer que había conocido ese mismo día no ayudaba a reprimir ese sentimiento.

-Tranquila cielo. Es que el edificio es mio, lo compré hace seis meses. En la segunda planta tengo mi taller y vivo en la tercera. Pero a la planta baja aun no le he dado uso alguno. Quizás en un futuro ponga a una recepcionista durante el día, para que atienda a posibles clientes y para que pueda exponer parte de mi obra.

-Ah... muy bien...

Diana guió a Anna hasta el taller por las escaleras. Cuando terminaron de subirlas, vio que toda la segunda planta era una única e inmensa habitación. Se habían derribado todos los tabiques, dejando una gran sala que estaba atestada de grandes tableros y troncos de madera de todo tipo y herramientas para manejarla y trabajar con ella (sierras, limas, discos, reglas, bancos...). En el techo había una pequeña grua con cadenas colgando de ella, suponía que para mover los pedazos más grandes sin esfuerzo. En la mayoría del suelo había virutas de madera y serrín, y cerca del gran ventanal del frontal del edificio había un par de mesas de oficina, con tres ordenadores funcionando y mostrando figuras en tres dimensiones. Al fondo del taller había una zona algo más limpia y tapada con una cortina azul oscura.

-Así que este es el taller... -En esos momentos, Anna no sabía ni que decir.

-Pues si, este es mi lugar de trabajo. Aquí es donde te vamos a convertir en una inmortal obra de arte -de repente Diana abrió del todo los ojos y chasqueó los dedos-. Pero ven un momento antes conmigo, que te quiero enseñar mi obra.

Fué hacia la cortina del fondo, invitando a Anna a que la siguiese. Cuando la cruzaron, Diana pulsó un interruptor y la luz iluminó todos los trabajos de Diana. Ahora Anna sabía a lo que se refería Diana por teléfono con lo de la cajonera.

A lo largo de todo el apartado del taller, había algo más de una veitena de figuras y esculturas, de todos los tamaños, pero todas hechas en madera, femeninas y... sin cabeza. Algunas eran simples esculturas; torsos, caderas, piernas, bustos... pero otras eran menos... convencionales. Cerca de Anna había un torso sin piernas, que no tenía brazo derecho, pero que tenía el hombro como en posición de estirado hacía arriba, mientras que el brazo izquierdo si estaba completo, y reposaba su mano sobre la cadera. Hasta aquí todo hubiese parecido normal, pero aparte de la parte delantera del torso había cuatro cajones (litelamente cajones), con tres entreabiertos, sobresaliendo del cuerpo. No era que estuviesen empotrados en el cuerto, si no que eran parte del cuerpo. Si hubiesen estado cerrados, hubiese parecido una simple figura femenina si uno no la hubiese examinado con más detalle.



Pero no era la única así.

Al fondo podía ver otro torax, muy similar al primero, pero de color más oscuro y sin brazos, que en lugar de cajones tenía una puerta abierta y sujeta con bisagras que ocupaba toda la parte delantera del cuerpo, y que dejaba ver un hueco que abarcaba todo el interior de la escultura, dispuesto a guardar o ocultar lo que fuese.



También había un cuerpo femenino con los pies como si llevase zapatos de tacón, en posición como agachada, mostrando completamente un culo en pompa y... unos genitales extraordinariamente detellados, pero sin nada por encima del ombligo, como si hubiese sido cortado limpiamente, y en dicho muñón, un cajón.



Otro de los muebles erótico era una gran mesa triangular, de madera clara, de un marrón que hubiese pasado fácilmente por color carne, con una mitad inferior del cuerpo, como el anterior mueble, en cada una de las esquinas de la mesa, a modo de patas, cada una en una posición distinta, una con las "piernas" cruzadas, otras abiertas provacativamente... Alrededor de la mesa había tres sillas (si se las podia llamar así) formadas cada una por dos cuartos traseros humanos unidos por la cintura y cubiertos parcialmente por cuero rojo y negro.



-Es... impresionante... -Anna no sabía que decir. Todo era rarísimo, pero eran... muy buenos. El nivel de detalle de las figuras era impresionante, en todos los sentidos. La mayoría tenían visibles los genitales y eran tan detallados que parecía que iban a abrirse de un momento a otro para invitar a su interior a un pene.

-¿Te gusta cariño? Me alegro de que así sea. Piensa que muy pronto tu precioso cuerpo pasará a hacer compañía de todas estas obras de arte. Definitivamente, cuanto más te veo, más convencida estoy de que vas a ser una cajonera excelente.

-Una... ¿Una como esta? -Anna señaló la primera que había visto, la que tenía más cerca.

-Oh, no. Nunca repito mis obras cuando uso modelo. Todas estas que hay aquí son mi muestrario y mis copias maestras. Cada cierto tiempo, las expongo en galerías de arte y los coleccionistas me encargan copias. Muchos insisten en comprarme los originales, pero yo soy incapaz de desacerme de mis niñas (así las llamo), por mucho dinero que me ofrezcan. Evidenemnte, como no son las originales, las vengo a precios más razonables que si lo fuesen. Normalmente vendo cada copia por entre cinco mil y quince mil euros, dependiendo del trabajo y tiempo que me lleve hacer cada copia, que suele ser entre tres y diez días -Anna estaba alucinando, no entendía que nadie pudiese pagar tanto dinero por estas cosas. No es que sea el tipo de obra de arte que puedas enseñar a las visitas, "mirad, esta es la mesita de noche de mi habitación, en ella guardo los condones, ¿a que es apropiada?". Diana sonrrió exultante-. Aunque peque de falta de modestia, lo cierto es que trabajo muy deprisa -Le puso a Anna las manos en los pechos, pilládola por sorpresa, y las fue bajando a lo largo del cuerpo hasta llegar a las caderas, momento en que la soltó-. Tú con la perfección de cuerpo que tienes, tienes que ser una cajonera de cuerpo casi completo. Prescindiremos de la cabeza, como siempre (me gusta preservar la intimidad de mis modelos) -Anna suspiró aliviada, nadie sabría que ella había hecho de modelo para eso. La acusarían de hipócrita teniendo en cuenta su forma de pensar, ya estaba imaginandose a sus amigas si se enterasen...-, y como es firma de la casa prescindir de alguna parte más, eliminaremos un brazo... el izquiero mísmamente (ya estoy pensando en un cliente al que le vas a interesar y al que le vendrá muy bien la ausencia de dicho brazo para colocarte en un lugar en concreto de su sala de exposición). Te pondré un cajón en la parte delantera de tu cuerpo, en los pechos (usaremos tus pezones como agarraderos, ya verás que bien) y otro en tu adorable trasero ¡Oh! Y se me ocurre una cosa fantástica, pondré un mecanismo asociado a tu clitoris, que hará de botón de seguridad, y que permitirá que los cajones puedan abrirse. Mmmm... solo de pensar en verte terminada me resulta de los más excitante...

Anna aun estaba aturdida de todo lo que le había dicho Diana. Hablaba a gran velocidad y con total desparpajo de su propia figura, sin olvidar el magreo que le había dado hacía solo unos segundo y sin avisar. Pero aguantó. Ya estaba allí y, lo más importante, le hacía falta la pasta.

-Un momento, que ya se me olvidaba. Tengo algo para tí -Diana echó a correr hacía las mesas de los ordenadores (al girar bruscamente, Anna pudo verle claramente uno de sus pechos al salir del delantal) y cogió una botella de, parecía, champan, y dos copas, volviéndo hacia Anna. Llenó las dos copas y le tendió una a la incómoda modelo-. Toma cielo, bébetelo. Es champan francés, de bueno. Me gusta que mis modelos se encuentre a gusto y desinibidas mientras trabajo en ellas -la joven tomo la copa.

-Eh... gracias -Adoraba el champan, pero lo podría beber solo de tarde en tarde, y más estando parada. Se bebió media copa de un trago: Diana tenía razón, era bueno, muy bueno-. Está bastante bien.

-Por supuesto, yo solo escojo lo mejor, mi futura obra de arte -Diana le guiñó el ojo-. Pero sígueme y siéntate conmigo, vamos a relajarnos un poco antes de empezar ¿No te parece? -la escultora se encaminó hacía la mesa erótica triangular, depositó sobre ella tres salvamanteles que llevaba en un bolsillo alto del delantal y a su vez sobre estos la botella de champán y su copa y se sentó en una de las sillas a juego. La muchacha la siguió, deposión con cuidado la copa sobre el salvamanteles libre y se sentó sobre otra de las sillas. Aunque dura, era más cómoda de lo que pensaba. Desde donde estaba podía ver claramente los cuartos traseros de uno de los vértices de la mesa, con ambas piermas abiertas y mostrando claramente la detallada vagina. Era tan minuciosa que tenía unas ganas irresistibles de tocarla con la mano y meter el dedo, solo para quitarse la sensación de que era de verdad. Si hubiese tenido un color más rosado, hubiese jurado que una mujer auténtica le estaba enseñado insinuantemente sus genitales. Empezaba a pensar que la mayoría de coleccionistas clientes de Diana eran hombres, y era normal. Cualquier tio que viese estas esculturas-muebles se pondría como una moto en cuestión de segundos.



-La verdad es que tu trabajo es... impresionante. Todo lo del mobiliario erotico me sigue pareciendo muy extraño, pero las esculturas son magníficas -Anna volvió a echar un vistazo a toda la habitación.

-Como ya te he dicho, yo solo trabajo con lo mejor cielo -y Diana le puso la mano sobre el muslo, al tiempo que la miraba como una loba, lamíendose los labios. Anna empezaba a pensar que estaba algo más interesada en ella que solo en el trabajo de modelo-. Pero dejemos de hablar de mi, cuentame algo de ti cielo, que solo se tu nombre.

Y Anna comenzó a narrarle su vida, a lo que Diana repondía periódicamente con frases cortas en plan "¿De verdad?", "¿En serio?" o "Tienes razón querida", mientras pasaba una hora y se bebía ella sola casi toda la botella de champan. Cuando le preguntó a Diana porqué ella no bebía más, le dijo que ella tenía que estar sobría dado el trabajo que le quedaba por delante. Le gustaba tomarse una copa, para ponerse un poco a tono, pero que como tomase alguna más, podía subirsele la bebida a la cabeza. Cosa que le estaba pasando a Anna.

Cada cierto tiempo le echaba una larga mirada al alguna de las esculturas o muebles eróticos del taller, especialmente al trasero más cercano a ella de la mesa. No sabía si sería por el alcohol de la bebida o que, pero se estaba poniendo a tono. Le habían pasado fugazmente por la mente varios pensamientos imaginandose tocando y lamiendo el sugerente coñito de madera de la mesa. Incluso se imágino a Diana comiéndole el suyo, pero nunca había tenido pensamientos lésbicos (salvo en la experimental e insegura juventud, pero nunca llegó a nada). Y sin embargo, mira por donde ahora se estaba poniendo húmeda. Mucho. Y viéndo los colores que estaba tomando su cara, sabía que Diana se habría dado cuenta. De golpe, en un silencio momentaneo de la conversación, Anna dijo:

-Tengo unas ganas locas de tocar el coño de esta esquina de la mesa -nunca hablaría con esas palabras delante de nadie con quien no tuviese confianza. De hecho, ni aunque la tuviese. Pero la bebida le había soltado la lengua. Diana soltó una carcajada.

-Pero no te quedes con ganas cielo -se levantó de la silla y se puso delante de la cara de Anna, a solo pocos centímetos-. Son mis obras, y están para disfrutarlas -le dijo léntamente, con voz sensual. La agarró y lavantó de la silla, poniédo sus dos manos sobre los gluteos de la cadera a la que no le quitaba ojo-. Ves... siente su suavidad... su belleza intrínseca - agachó la cabeza de Anna, empujándola hasta que quedó a centímetros de la preciosa vagina, metiendo la mano bajo sus pantalones vaqueros y sus bragas. La joven no pudo soportarlo más y empezó a lamerla, al tiempo que empezaba a acariciarse, primero los pechos, para después bajar la mano hasta su propia húmedo coñito. "Por dios... estoy a punto de correrme...", pensó. Diana la soltó, dejándola sola un momento-. Así cielo, así... muy bien...

Diana la dejó unos minutos sola, mientras se acercaba a la mesa del ordenador. Abrió un cajón y sacó de él un cilindro de madera, de unos quince centímetros de longitud, y con una punta redondeada. También sacó un pequeña botella, con un líquido verdoso y viscoso dentro, y con las dos cosas, las dejó en un banco de trabajo cercano de donde estaba y volvió junto a Anna, que ni se había percatado de su ausencia. En los pocos minutos que habían pasado, seguía lamiendo los genitales de madera de la mesa, pero ya se había subido la camiseta que llevaba y desabrochado el sujetador, dejándo sus generosos pechos libres. Además, se había bajado los vaqueros y las bragas y se acaricidaba con suavidad su clítoris y labios mayores, metiendo ocasionalmente los dedos en el interior. Los fluidos vaginales le bajaban por el interior del muslo.

Diana dejó el cilindro y la botellita sobre la mesa y se acercó a Anna. Metió dos de sus dedos en la vagina de Anna, moviéndolos de arriba a abajo suavemente, a lo que esta respondió separando su cara de la mesa y gimiendo.

-Parece que la poción psiquica del champan está funcionando muy bien. Y encima tienes depilado tu coñito... muy bien, así me deja más fácil el trabajo -comentó a si misma Diana, tras lo cual se dirigió a la excitada modelo-. ¿Te gusta esto Anna? -Esta gemía cada vez más rápido.

-Sss... sí... ¡SÍ!

-¿Y te gustan mis obras? ¿Te gustan mis niñas? -Le agarró y masajeó los pechos con la mano libre, poniéndose a su espalda. Anna estaba ya totalmente desatada. Tenía, NECESITABA sentir algo dentro de ella. Creía que nunca había estado tan cachonda.

-Sí...

-¿Te parecen bellas? ¿Hermosas? ¿Sensuales?

-Sí... me encantan... son... tan bonitas... tan... sexis... -Anna no sabía de que iba el juego qe estaba iniciando, pero estaba demasiado a tono como para plantearse siquiera el cortarlo.

-Y que buena existencia tienen ¿verdad?. Solo una existencia estática de perfecta belleza. Sin complicaciones. Sin obligaciones. Sin facturas. Sin trabajo. Sin preocupaciones de ningún tipo... Solo les hace falta un dueño o dueña que las mantenga limpias y que las aprecie -la joven modelo empezó a babear. Le gustaba este juego, no sabía porqué, pero le gustaba-. ¿Las envidias?

En la alterada mente de Anna, las esculturas y muebles eróticos de la escultora empezaron no solo a verse como objetos de deseo. Empezó a verlas como... ejemplos de perfección. Algo que debía anhelar ser, a lo que pertenecer... eran preciosas, sin malestares, angustias o manías. Solo una existencia de paz y belleza. Una obra de arte.

Una vocecilla, en lo más profundo de su mente, la misma que le había hecho durante toda su vida esforzarse en los estudios y que despreciaba el trabajo de modelo, le decía continuamente que eso no era así. Eran cosas. Objetos creados para satisfacer el placer. No eran ejemplos a seguir, eran cosas que despreciar. Que lo importante era llegar a ser una mujer independiente, joder... era por eso por lo que había luchado toda su vida.

Pero el placer era demasiado fuerte, y acallaba la vocecilla. Cada vez más.

-Las... envidio... -ya habían empezado los orgasmos, y estos eran continuos.

-¿Te gustaría ser como ellas? ¿Te gustaría ser una de ellas, una de mis niñas?

-Sí... yo quiero...

-Dilo bien. Di "Yo, Anna Whelan, deseo ser una obra de Diana Sodenberg, una de sus esculturas eróticas de madera".

-Yo... yo lo deseo...

-¡Dilo bien!

-Yo... yo... Anna Whelan... deseo... deseo ser... una obra de... Diana... Sodenberg... una de sus esculturas... eróticas... de madera...

-Muy bien cielo, así me gusta. Ahora di "Yo, Anna Whelan, entrego mi cuerpo y alma a Diana Sodenberg, que será mi ama y dueña en adelante" -Al terminar la frase, Anna calló de rodillas, incapaz de aguantar pie por los temblores que recorrían todo su cuerpo por el placer. Diana la levantó y la llevó casi a cuestas hacia el taller, donde la puso con la espalda en el suelo, sobre una gran tela llena de manchas de pintura y barniz sobre la que habitualmente trabajaba, y junto al lado del banco donde había colocado el cilindro de madera y la botellita. Continuo acariciándole los genitales lentamente. Puso su rostro a milimetros del de Anna-. Dilo, di lo que te he dicho.

---Continua en el siguiente post.
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« Reply #2 on: May 13, 2010, 03:21:19 AM »

-Yo... Anna Whelan.. entrego mi cuerpo... y alma... a Diana... Sodenberg... que será mi ama... y dueña en adelante...

-Así me gusta tesoro, así me gusta... -besó profunda y apasionadamente a Anna en la boca, enlazandose la lengua de ambas. Anna sintió una gran felicidad en ese momento y una sensación como de liberación-. Entonces voy a hacer realidad tu deseo -Diana se levantó y liberó a la modelo.

-No.. no pares por favor...

-Tranquila cariño, que vamos a continuar en seguida -Se quitó el delantal y las zapatillas que llevaba, dejando solo el gran collar, y terminó de desnudar completamente a Anna. A continuación, cogió el cilidro que había dejado previamente en el banco y la botella. Una vez visto bien en detalle, quedaba claro que el cilindro era un dildo, muy simple y de madera. Abrío la botella y soltó dos gotas del viscoso líquido de su interior sobre el dildo, tras lo que procedió a extendrelo y a repartirlo bien por la supercie de este-. Así, muy bien, bien untado, así el cambio será más rápido -Anna se estaba volviendo a acariciar el clitoris, y miraba el dildo con ansia: quería sentirlo, duro, dentro de ella. Diana se agachó y apartó la mano de Anna de su vagina-. Déjame un segundo cielo, que te meta a este amiguito dentro de ti -Introdujo el dildo léntamente, y Anna empezó a gemir, cad vez más fuerte, hasta el punto de que cuando Diana terminó de introducir completamentte el dildo, y los labios de la vagina de Anna lo ocultaban completamente, esta ya estaba gritando de placer. Diana sonrrió con ganar y acaricó la cara de Anna-. ¿Te gusta cielo?

-Ssss... sí... Lo siento... dentro de mi... -se mordió los labios con ganas-. Me gusta...

-Muy bien cariño, pero ahora los cambios van a ser muy rápidos y hay que empezar a trabajar. Así que tienes que hacer exáctamente lo que te diga ¿de acuerdo?

Anna estaba en el punto algido de sus orgasmos, no solo no descendía, si no que iban cada vez a más.

-Sí... Diana...

-Así me gusta. Bien, entonces quiero que te levantes. Así... despacio, muy bien... y ahora arrodíllate, pero no apoyes tu precioso culito sobre tus pies -Anna se movía lentamente, pero obedecía con precisión todas las ordenes de Diana, incluso pese al aturdimiento mental que tenía por el placer-. Aaaasí, excelente cielo. Ahora, para terminar, por tus manos con las palmas boca abajo sobre tus caderas y mira al frente. No, a mi no. Al frente, así, muy bien. Excelente, eres una niña muy buena -Anna sonrrió, como si fuese una cria. Le gustaba obedecer las ordenes de Diana. Hacía el mundo tan... sencillo.

-La polla de madera... me está haciendo cosquillas... parece que esté vibrando... -dijo Anna entre la risa-. Me gusta...

-Eso es porque está funcionando y de verdad está vibrando. Pronto te convertirá en una preciosa figura de madera, de abedul para ser más precisa, y estarás a punto de ser una de mis niñas -e puso frente a Anna y la miro a los ojos con cariño-. ¿No te hace eso féliz?

La vocecilla del interior de Anna clamaba a gritos que esto no iba bien, que no estaba bien convertire en una "cosa". Pero el pensamiento consciente de Anna solo la oía fugazmente. Esto era un juego con Diana: no se puede convertir a un ser humano en una estatua de madera ¿no? Y aunque así fuese... parece tan placentera la existencia como mueble erótico... y Diana seguro que la cuidaba bien.

-Sí -no titubeó, ni dejó la palabra en aire. Simplemente asintió.

-Muy bien cielo, ahora quédate completamente quieta, mientras te coloco exactamente en la posición en que quiero que quedes inmortalizada -comenzó a colocar al milímetro a Anna, moviendo el brazo un poco hacia aquí, abriendo las piernas ligeramente hacia allá... -. En esto minutos previos, me gusta contar a mis modelos como va a ser el proceso por el que van a pasar, como lo hago y como han llegado a él -cotinuó con los ajustes mientras hablaba-. El champán que has bebido no iba solo, llevaba una pequeña cantidad de una poción mágica (si cielo, la magia existe, y vas a ser testigo de primera mano) que haría que entre tú y yo se formase un enlace psiquico. Cuanto más se bebe, más efecto tiene sobre quien la bebe -dejó de colocarla unos segundo, levantó con el pulgar el collar que llevaba y le guiño un ojo-. Este collar me permite ser la que domina la conexión psiquica -dejó el collar y continuó con su trabajo-. Desde que has tomado el primer trago del champan, he empezado a lanzarte pensamientos eróticos y de sumisión a tu mente subsconsciente, hasta que has caído completamente. Tu destino estaba sellado desde el mismo momento en que has tomado la primera gota de la copa.

>>Además, las sensaciones más poderosas, como el placer sexual, potencian aun más la capacidad de sumisión -dejó de colocarla una vez se sintió satisfecha y se dirigió de nuevo a la mesa de los ordenadores, y de un cajón distinto del anterior, sacó una caja de metal y volvió al lado de Anna, que no se había movido lo más mínimo. De no ser por su respiración y ligero temblor que sentía por el continuo orgasmo en el que vivia, cualquiera hubiese dicho que ya era una estatua. Dejó la caja en el suelo y al abrirla, sacó, rodeada en tela y con cuidado de no tocarla con su propia carne, una pequeña figura, como casi todo lo que parecía rodear al taller, de madera. Era una pequeña representación femenina, con las piernas juntas y los brazos pegados al cuerpo, pero era como tosca, abstracta. Se podían apreciar claramente las curvas propias de un cuerpo femenino, pero sin detalles. Y era indiscutiblemente vieja, muy vieja. Diana continuó con su monólogo-. El dildo que te he metido es un simple pedazo de madera de abedul, que actuará de, podríamos decir, "semilla", expandiendo su esencia por todo tu cuerpo cuando el hechizo se cierre. La poción con la que lo he untado hará que eso sea posible, y está compuesta de, entre otros ingredientes, una mezcla de savias, mi propio fluido vaginal y unas gotas de mi sangre. Y este pequeño amigito -dijo agitando ligeramente la figura.-, es la chispa necesaria para que la transformación de tu cuerpo se realice, y el que me permitirá realizar las modificaciones necesarias en tu cuerpo una vez seas de madera.

>>Es un amuleto que encontré en mi juventud, guardado y olvidado en el trastero de mi abuelo (Que fué arqueologo, en plan Indiana Jones en sus tiempo jóvenes). Por lo que he podido descubrir en estos años, perteneció a una casi desconocida tribu del norte de Europa, hace no menos de 8.000 años (De ayer estamos hablando ¿eh?) -le dijo sonriendo a Anna, que ni se inmutó. Oía y entendía todo lo que Diana le estaba explicando, pero pese a todo obedecía la orden de que estuviese quieta que le había dado, y cuanto más escuchaba, más esperaba la conclusión de su cambio: ansiaba cada vez más que fuese verdad que iba a ser una estatua de madera.

>>Después de que, por accidente, convirtiese mi mano derecha en madera cuando la toqué por primera vez (aunque como puedes ver -agitó su propia mano derecha delante de Anna.- volvió a la normalidad en segundos), me empollé el diario de mi abuelo, buscando cualquier cosa que dijese sobre el amuleto. Al parecer esta tribu lo usaba para moldear cualquier objeto cuyo origen sea un ser vivo (especialmente la madera), incluso si aun está unido a ese ser, y transformar si se desea dicho objeto en madera. No se exactamente para que lo usaban, pero mi abuelo creía que lo usaban de alguna forma como método de castigo de sus enemigos y para sacrificios a sus dioses. Con los años, aprendí a usarlo muy bien, y me viene genial para la escultura. Porque sí, se esculpir la madera. Pero la perfección del resultado que me da poder usar a aunténticas chicas jóvenes como modelo viviente, convirtiéndolas en esculturas, no me lo da nada. Además, así les hago un favor, y en lugar de que el tiempo se lleve su belleza en un par de décadas, hago que dure siglos. ¿No te parece un trato justo? Y por eso las conservo y no las vendo. Ya que ellas (tú incluida) me ceden su belleza para mi trabajo, yo me ocupo de cuidarlas en su nueva estática y perfecta existencia.

>>Y cuando alguno de mis clientes me pide una copia, también uso el amuleto. Si uso una variante de la pocima que he untado en el dildo y pongo una pequeña cantidad en una de mi niñas y otra en un tronco de madera virgen, puedo hacer que este cambie de forma a volundad, haciendo que se convierta en una copia idéntica de la original. El proceso es lento, tarda días, y requiere una gran concentración por mi parte, pero he llegado a ser una experta ello.

>>En cuanto al collar, cuando uno sabe al final que la magia existe de verdad, y se hace una idea de como funciona, aprende a distinguir a los fanfarrones, crédulos y estafadores de lo que es auténtico. Hace años, cuando aun me estaba haciendo un nombre como escultora, transformaba mis niñas en obras de arte dejándolas inconscientes. Por ejemplo, el torso armario con puerta de ahí es una de ellas -agitó la mano libre hacía el tronco-mueble.- Saluda a Elisa. Pero, el problema que tenía este método, es que cuando se produce el cambio final, los últimos pensamientos de la modelo se quedan eternos en su mente, y bueno... ya se que uso a las pobres chicas como si fuesen objetos. De hecho, las convierto en objetos. Pero no me parece bien una existencia eterna de belleza si no puedes disfrutarla. Por eso, por casualidad, me encontré con información sobre este collar, y tras años de busqueda -y muy dinero, no tienes idea de la cantidad que tuve que dejarme buscándola, para que veas como me importa el bienestar de mis obras, coneguí localizarlo en un museo de mala muerte en Chicago. Me las apañé para robarlo, y aprender a usarlo fue un juego de niños, en comparación con el talistan de madera basta con preparar la poción, ponerse el collar y tener un mínimo de concentración. El collar lo hace todo solo.

>>Una vez lo tuve en mis manos, lo usé con las niñas que ya tenía, leyéndoles con él lo que quedaba de su mente y limpiándosela bien. Pobrecillas, algunas estaban ya completamente locas (Que, por cierto, ojo lo que me costó que absorbieran la poción. Como ya eran estatuas y muebles, no podía hacer que se la tragasen, tuve que hacer que la madera la absorbiese poco a poco). De haber sabido que alcanzarían tal grado de enfermedad mental, quizás no hubiese transformado a ninguna hasta haber tenido el collar... aunque claro -volvió a mirar a Anna a los ojos con picardía-, entonces no hubiese tenido dinero para conseguir el collar.

>>Con el collar, el trabajo para conseguir total colaboración por parte de mis modelos, fué mucho más sencillo. Y encima les regalaba un adecuado lavado de cerebro, como el tuyo, para que no solo no opusiesen resistencia, si no que disfrutase y deseasen el cambio -miró al vació un momento, pero enseguida agitó su cabeza-. Pero ya no tengo nada más que contarte, me preciosa niña. Vamos terminando.

>>Ahora queda el último paso por tu parte cariño. Una vez que te hayas convertido en madera sólida, me ocuparé de refinarte y que quedes convertida en un precioso mueble. Voy a apoyar sobre tu frente la cabeza del amuleto y entonces quiero que me mires a los ojos y digas "Mi carne y sangre son de madera. Yo soy de madera. Yo soy madera" -Diana puso el amuleto sobre la frente de Anna, sosteniéndolo y aun sin tocarlo con su propia carne. Sin titubear, sobreponiéndose al intenso placer que sentía, Anna dijo las palabras que le había pedido la escultora.

-Mi carne y sangre son de madera. Yo soy de madera. Yo soy madera.

Anna sintió un escalofrío nada más terminar las palabras recorer todo su cuerpo. Era completamente incapaz de mover nada de su cuerpo. Absolutamente nada. Ya ni siquiera respiraba.

En su vagina comenzó a aparecer una mancha de color marrón, exactamente el mismo tono del dildo, cubriendo todos sus genitales, y extendiéndose. Conforme crecía, envonviendo todo su cuerpo, su humanidad desaparecía, sustituyendo carne viviente por simple madera de abedul. Fue pasando por sus piernas, siguio por su cintura y después sus pechos, alcanzó los brazos y los asimiló completamente. Apenas treinta segundos después de empezar, llegó a su cabeza, después su pelo y finalmente la cubrió del todo. Ya no había un ser humano delante de Diana. Solo había un pedazo de madera con forma humana. Increíblemente detallista, parecía que se iba a mover en cualquier momento, pero era solo madera.

Anna estaba extasiada. Ya no tenía organos internos, ni sangre, ni carne y huesos... nada que pudiese indicar que un día fue un ser viviente, ni siquiera sabía como podía aun ser consciente de su entorno. No sabía siquiera como aun podía ver y oir si no tenía ni ojos ni timpano. Todo su cuerpo era solo era un monton de celulosa. Y, por todos los dioses, lo adoraba. Desde el momento en que el cambio se fue extendiendo por su cuerpo, era como si todo su cuerpo se convirtiese en una enorme zona erógena. Sentía como si todo su cuerpo fuese un clitoris enorme, excitada más allá de lo que en todos los momentos de su vida juntos lo ha estado. No era como estar en el paraiso, era ser la esencia del paraiso. Diana levantó la figura de lo que había sido la frente de Anna.

-No importa cuantas veces vea el cambio, nunca me caso de él -dijo la escultora bruja-. Lo has hecho muy bien cielo, has hecho estupendamente. Tu dueña está muy contenta -Ante estas palabras, la mente de Anna sintió una gran onda de felicidad y plenitud, acompañado de un incremento en el ya intenso orgasmo en el que había pasado a existir.
>>Ahora tocan las marcas de la casa cariño. Vamos a empezar con la cabeza. No podemos permitir que alguien te pueda reconocer ¿no crees? Además, aunque eres mona de cara, tu principal atractivo es tu precioso cuerpo. Así lo potenciaremos más cielo. Aunque la modificación de la madera con el amuleto es algo muy lento, por alguna razón la madera que originalmente era carne, muta mucho más deprisa. Podría limitarme a cortartela, pero entonces tendrias la existencia limitada en distinces partes del cuerpo, y pese a todo tendría que destruir la cabeza no seaa que alguien la encontrase. Va a ser bastante rápido cariño, solo unos minutos. Vas a verlo.

Se arrodilló junto a Anna, imitando su posición y volvió a tocar con el amuleto a Anna, pero esta vez entre sus pechos. Tomo aire, cerró los ojos y agachó la cabeza.

Segúndos después, empezó el cambio en la escultura anteriormente llamada Anna. La masa sólida en la que se había convertido su pelo empezó a retraerse lentamente sobre su craneo, al tiempo que su nariz era absorbida en su cara y sus rasgos se volvían mas difusos. Cinco minutos después de iniciarse este proceso, la cara de Anna era como un huevo. Un heuvo que encogía. Empezó a ser absorbido por el cuello, hasta que poco tiempo después su cuello terminaba en un muñón con un corte limpio. Diana abrió los ojos y suspiró largo y tendido.

-Listo lo primero. ¿Ha estado bien, eh?

Anna estaba eufórica. Inicialmente las palabras de Diana la habían asustado, temía perder la consciencia si perdía su cabeza. Aunque tenía que reconocer que Diana tenía razón, no podía permitir que nadie la reconociese. Había dejado su vida como ser humano atrás, y eso implicaba a sus conocidos. Además, un mueble no necesita cabeza, y como la escultora había indicado, nunca tuvo un rostro más allá de mono. Así su cuerpo resaltaría con más fuerza. Pero cuando comprobó que, no solo pese a que su cabeza estaba siendo absorbida por el resto de su cuerpo, seguia siendo completamente consciente de si misma, si no que además el proceso le proporcionaba más placer sexual, se sintió extasiada.

-Y ahora el brazo izquierdo. Es una de las firmas de la casa -volvió a giñarle el ojo a Anna. Aunque ya no tenía cabeza, su visión y oido se había localidado en la base de su cuello. Todo esto estaba siendo una novedad, pero como siempre le estaba encantando el cambio. Definitivamente, el lavado de cerebro que realizó Diana en ella fue de primera categoría-. Además -y se acercó a ella como si le fuese a contar un secreto, hablándole en voz baja-, los amputados me excitan. Si, me da un poco de corte... pero si te has fijado, todas mis niñas tienen una o varias extremidades eliminadas. Quizás sea una forma de desahogarme por este extraña desviación sexual. Tal vez debería contarselo a una psiquiatra... pero claro, entonces debería convertirla en mueble para evitar que hablase y estaríamos igua ¿No crees? -Diana se rió-. Bueno, vamos a ello -Volvió a apoyar el amuleto sobre su busto y de nuevo tomó aire y cerró lo ojos.

Los dedos de la mano izquierda de Anna comenzaron a volverse más cortos, hasta que desaparecieron, después le llegó el turno a la palma, que fue absorbida sobre la muñeca. Tras ellá, siguió el brazo y para terminar el antebrazo, del que quedó un muñón con un corte limpio que acreditó que una vez hubo algo ahí. Todo el proceso apenas duró cinco minutos. La escultora de nuevo levantó la cabeza, tomando aire.

-Listo. ¿Ves que fácil y rápido? Que sexy estás con ese brazo de menos chica... grrr... -le gruño sensualmente Diana a Anna. El proceso había sido tan placentero como con la cabeza. Diana tenía razón, con un brazo menos está mejor. Además, así de integrará mucho mejor entre sus compañeras. Quería ser como ellas, no más que ellas. Era una recien llegada y no sería de educación.

-Y ahora toca la modificación final, los cajones, uno en tus preciosas tetas y otro en tu culito. La parte del mecanismo de cierre de los cajones asociado a tu clitoris va a ser más complicado de hacer que la absorción de cabeza y brazo, pero pese a todo no creo que tardemos mucho. Vamos a ello.

Repitió el proceso de las dos veces anteriores, y Anna empezó a notar como se formaba una sensación de vacío en su interior, a la altura de sus pechos y en sus gluteos. Al igual que las veces anteriores, la madera fluyó lentamente, como si fuese plastilina, creando dos huecos en el interior del cuerpo de Anna, separando una parte de la materia que la componía de su cuerpo principal en torno a dichos huecos y creando cajones. En la parte frontal de cada uno mantenían la perfecta forma de su cuerpo, perfenctamente alineado con el resto de su forma. Solo podía verse ligeramente la linea de espacio que los separaba del resto de su cuerpo.

Además, Diana había dicho la verdad, sus pezones iban a ser agarradores. La idea entusiasmó a la joven transformada, cada vez que alguien abriese su cajón superior, le tocaría sus excitados pezones. Era un pensamiento que le encantaba.

En los laterales internos de los cajones se formó un agarre, sujeto a un complicado mecanismo de palaca, y que iba unido a su critoris, que se había convertido en una especie de botón. Ahora su organo de placer era el activador de un dispositivo mecánico en su interior, al estilo de las cajas de música. Podía sentir cada una de la partes que lo componían. Poleas, varillas, palancas... era una sensación increible. Era como si, cuando estaba hecha de carne (solo había sido hace unos minutos, y sin embargo parecía tan lejano...), fuese consciente de sus pulmones intecambiando oxígeno y dioxido de carbono, o poder notar exactamente el funcionamiento de su hígado. Era una percepción muy curiosa, y le daba por pensar de que forma, cuando usasen su clitoris-botón para abrir sus nuevos cajones (Que le encantaban, no solo era un mueble precioso, si no que encima, conforme lo pensaba, además iba a ser útil: que más se podía pedir), sentiría a todos esos componentes móviles desplazarse. Aunque la duda duró poco, en cuanto Diana terminó.

---Continua en el siguiente post
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« Reply #3 on: May 13, 2010, 03:22:18 AM »

-¡Uf! Esto ha costado más. Pero vamos a ver como funciona -Dejó el amuleto envuelto en la tela dentro de su caja y en segundos dirigió su mano hacia los genitales de Anna y pulsando su clitoris. Sonó un clic y Anna casi perdió en sentido de la explosión de gozo que sintió. Sus cajones salienron ligeramente y Diana los sacó para examinarlos-. Bien, buen tamaño, me temía que se quedasen pequeños. A ver si el mecanismo de cierre funciona... -empujó ambos cajones por separado y encajaron, volviendo a cerrar el dispositivo y colocando el clitoris de Anna de nuevo en posición. La joven transformada se sentía eufórica, ya era un mueble con todas las de la ley. Una cajonera perfecta. Diana volvió a pulsar su clitois y por segunda vez sintió un extasis indescriptible-. Excelente, parece que todo va bien -Miró al amputado cuello de Anna, riendo -. Apuesto que te encanta que pulsen tu botoncito más de lo que nunca has hecho, ¿eh? -Sacó completamente los cajones y los dejó al lado de la estática figura de Anna, y dejando completamente visibles los huecos donde iban y se levantó-. Bien, ya hemos terminado con el amuleto, así que vamos a recogerlo -lo envolvió bien con el trapo y cerró la caja, tras lo que fue de nuevo a la mesa de los ordenadores, donde lo depositó de nuevo en el mismo lugar donde estaba. Se acercó de nuevo a Anna-. Bien cielo, ahora ya solo queda la parte manual del proceso. El amuleto transforma en madera todo el cuerpo, pero la piel humana tiene una ligera rugosidad, y hay que dejarte bien lisa y pulida. Y otra cosa que no hace el amuleto es cubrirte de barniz, así que procederemos a darte un par de capas de barniz de calidad, para protegerte bien ¿te parece cielo?
A Anna ya todo le parecía bien. Los muebles de madera tienen que barnizarse o pintarse, así que era normal que ella también tuviese que hacerlo.

Diana se volvió a poner el delantal y pocedió a trabajar con Anna. Primero pasó una limadora sobre su cuerpo y cajones. Fue un proceso largo y laborioso, con todos los detalles de su cuerpo, pero Anna lo adoró. El pulido le hacía cosquillas y le producía un gran placer erótico. De haberse podido mover (y aun tuviese pulmones y boca), habría reído a carcajadas cuando le lijó los pies, dedos incluidos. Tras casi tres horas, Diana terminó.

-Y ahora el barniz. Esto va a ser más rápido cielo, ya que lo voy a vaporizar sobre ti. Un par de capas de barniz de transparente de calidad, alta resistencia y secado rápido y habremos terminado.

Se puso una máscara sobre la cara, para evitar los vapores y microgotas de barniz en el aire, encendió un escandaloso compresor, y con una pistola conectada a un depósito del barniz líquido y al compresor y comenzó a bañar al mueble erótico de una fina capa protectora. Anna se sentía divertida, como si la estuviesen maquillado. Tras la primera capa, Diana se quitó la máscara, y estuvo trasteando en unos de los ordenadores quince minutos, tras lo cual volvió junto a Anna, comprobó que el barniz estaba seco y le dió la segunda capa.

-Listo cielo. Esperemos un rato a que se seque la seguda capa y habremos terminado.

Recogió todas las herramientas que había usado en el "maquillado" de Anna, la botellita del liquido transformador, que aun estaba sobre el banco de trabajo, y más cosas que tenía por enmedio y se acercó al mueble erótico anteriormente llamado Anna ya terminado. Lo giró, arrastrando la tela sobre la que estaba apoyado, y lo puso de cara al resto de la colección de muebles vivientes.



-Muy bien mis niñas, podeis saludar a vuestra nueva hermana. Esta es Anna.

Anna sintió un gran sentimiento de placer e... integración. Había pasado a ser una obra de arte, a unirse a esas preciosas esculturas y muebles eróticos de madera. Ahora pertenecía sin la más minima duda a Diana, y le encantaba. La ya casi inaudible vocecilla en su interior gritaba y suplicaba que le devolviesen su humanidad, su vida y su independencia. Pero Anna la ignoraba. Solo eran restos del pasado, de su anterior existencia, y ahora era inutil. Diana se puso frente a ella, miraba a sus pechos en sustitución de su cabeza y dijo-. Una última cosa cielo. La vida como objeto puede ser un poco aburrida a veces, por mucho que se desee serlo, e incluso cuando tienes un intenso placer sexual para hacer el tedío más llevadero, como es tu caso. Y si no pregúntale a tus hermanas mayores. La mente es un estorbo en esos casos cariño, hace más daño que bien. Por eso, para que seas el mueble perfecto, voy a hacerte un último regalo. Te voy a dar una última orden.

>>Ten en cuenta que los muebles son cosas, y las cosas no piensan, así que cuando chasqué los dedos, dejarás de pensar para siempre y serás solo un mueble. Un mueble hermoso, sensual y bello más allá de lo que nadie pueda creer, pero un mueble a fin de cuentas -La lejana vocecilla de Anna, ya casi agónca, gritaba con todos sus imaginarios pulmones "¡No! ¡Por lo menos déjame eso! ¡Déjame que pueda seguir teniendo una mente!", pero nadie la oía. Los restos de psique de Anna, totalmente dominados por el lavado cerebral de Diana, le daban la razón a la escultora. Ella quería ser el mejor mueble erótico creado por Diana, y para ello debía perder su consciencia. Así haría feliz a su dueña, obedeciendo su última orden. Además, si Diana decía que a veces se aburriría, seguramente sería cierto. A fin de cuentas ella no le mentiría. Le había hecho el mejor regalo que jamás podría haberle hecho alguien, le había abierto los ojos a una existencia perfecta.

Diana chasqueó los dedos, e instantaneamente, Anna desapareció completamente. Aun había una un alma, un espíritu en el precioso mueble erótico de abedul, pero era un ánima que se limitaba a existir en medio de un mar de eterno placer erótico. Sin complicaciones. Sin obligaciones. Sin facturas. Sin trabajo. Sin preocupaciones de ningún tipo. Solo existencia y placer. Eternos.

-Bueno cielo, pues yo ahora voy a darme una ducha -Dijo Diana, al tiempo que se quitaba el delantal de cuero-, que entre que estoy sudada del buen rato que hemos pasado juntas, el serrín en polvo de tu pulido, y el barniz de después, que se me ha pegado a gusto en la piel y el pelo (Desventajas de trabajar desnuda, pero es una manía), el cuerpo me la pide a gritos. Quedan ya pocas horas para que amanezca, así que después me iré al catre. Ya mañana cuando me levante, te encontraré una posición apropiada para tí entre tus compañeras. Y dentro de unas semanas, serás la estrella de la exposición a la que estoy invitada. Creo que voy a poder vender las copias de ti a no menos de quince mil euros, cosa que no está nada mal. Sin olvidar de la cantidad de clientes que se van a empeñar en comprarte por más dinero. Pero puedes estar tranquila, que no les dejaré -Diana le guiñó el ojo complice, como tantas otras veces antes, mientras reía-: yo cuidaré de ti, mi pequeña obra de arte.

Diana apagó las luces del taller y subió las escaleras, rumbo a la ducha que tanto se había ganado tras toda la noche de trabajo.

Mientras, el mueble erótico que hasta hace unas horas había sido Anna Whelan, se dispuso a pasar en silencio e inconscientemente los primeros minutos del resto de su existencia. Una exitencia de perfecta belleza estática.

Epílogo, cinco años después.
---
Dias más tarde de la adquisición por Diana de su nueva obra, leyó en los periódicos sobre su desaparición, aunque ni la familia ni la policía tenía pistas algunas. Los pensamientos fugaces que captó de ella gracias a su collar psiquico (También funcionaba si necesitada de poción, aunque de forma muchísimo más débil) le habían indicado bien. Además, el tipo de cosas que vio en la cesta de la compra la corroboraban como soltera.

Por ello, tras los años pasados, seguía estando considerada como desaparición sin resolver.

Unas semanas después, comenzó la nueva exposición, y Anna tuvo una gran acogida. Diana tuvo hasta cinco peticiones para realizar copias de ella, y uno de sus clientes habituales (El mismo que ella sospechó que le encantaría su nueva niña), le llegó a ofrecer hasta 50.000 euros, oferta muy generosa, que sin embargo ella rechazó. Estaba comprometida a cuidar de sus niñas después de que ellas le cediesen generosamente su belleza.

Y con el paso del tiempo, Diana Sodenberg pasó de ser una escultora poco conocida con algunos premios a una muy solicitada y popular dentro de mundo de la escultura erótica. Incluso llegó a exponer en grandes museos genéricos.

Finalmente acondicionó la planta baja de su edificio, donde exponer de forma permanente a algunas de sus niñas, y contrató a una recepcionista que se encargaba de presentarlas a los posibles clientes. Era bonita, aunque nada del otro mundo, por lo que no la tuvo en cuenta como posible nueva adquisición para su obra. Sin embargo, si que le lavó el cerebro con el corrar y la poción poco a poco, convirtiéndola en una escelente compinche sin voluntar propia para conseguir nuevas modelos.

Ya casi desde el mismo momento en que Anna fue expuesta por primera vez, pasó a ser de las mas solicitadas y populares de las otras de Diana, y actualmente está siempre entre las tres más pedidas por sus clientes. Incluso alguno que otro le ha pedido más de una copia. Todo un éxito y un orgullo para Anna, aunque por desgracia, ella ya no puede darse cuenta.

Cuando hacía cerca de cinco años de la creación de una de sus obras cumbre, Diana estaba una tarde, ya casi a la hora del cierre, de nuevo comprando en el mismo supermercado en que conoció a Anna, cuando vió a una chica de veintipocos. No tenía mucho pecho (De hecho tenía muy poco), pero tenía un culito respingón y unas piernas largas y sencillamente perfectas. Sería estupendo convertirlas en un taburete de bar, con una base metálica atornillada y con un cojín de cuero verde clavado en su parte superior. Ya tenía tres de ellos de otras modelos "voluntarias", pero quería hacer un juego de cinco, junto con una mesa de billar en la que los agujeros de las bojas fuesen las vaginas de sus niñas. Probaría suerte a ver si caía, al tiempo que se acercó a ella.

-Hola cielo. No te han dicho nunca que tienes una piernas sencillamente deliciosas -La joven se dió la vuelta. Su rostro tenía algo familiar, pero no terminaba de identificar el qué.

-Pues... alguna vez si, pero nunca una mujer... -repondió la chica un poco cohibida, y casi al momento a Diana le vino a la cabeza de que le sonaba. Se parecía muchísimo a Anna Whelan, una de sus obras cumbres (Cuando aun tenía cabeza, claro).

-Perdona cariño, pero ¿eres familia de Anna Whelan? -El rostro de la muchacha se iluminó.

-¿Qué? ¿Conoce usted a mi hermana? ¿Sabe donde está? -Las palabras le salían atropelladamente, casi disparadas de lo rápido que hablaba.

-Eeemmm... no cielo, siento no poder ayudarte -El parecido entre las hermanas era definitivamente remarcable. No tenía tan buen tipo como su hermana mayor, pero definitivamente tenían las mismas piernas perfectas-. No se donde está -Mintió-. Pero si que la conocí. Me enteré de su desaparición por los periódicos y la televisión y me impresionó mucho. Nos habíamos encontrado en este supermercado en alguna ocasión, ya que yo vivo cerca. Incluso hizo para mi de modelo en alguna ocasión, ya que soy escultora.

-¿Mi hermana? ¿Modelo? Perdone, pero lo dudo mucho... ella despreciaba ese tipo de trabajos.

-Si, eso comentó en alguna ocasión. Pero estaba en paro y le hacía falta el dinero, así que... como pago bastante bien...

-No se, me resulta raro...

-¡Oh! Pero donde está mi educación. Soy Diana Sodenberg, escultura, y diseñadora. Encantada -Besó a la joven en la cara, cogiéndola por sorpresa.

-Oh, sí, disculpe. Yo... yo soy Laura Whelan. Es un placer. ¿Y dice que trabajo con ella?

-Sí, en una ocasión. Pero mira, porque no vienes a mi taller conmigo y seguimos hablando de ella. Quizás sepa algo que tú no conozcas. Además, necesito una modelo para una de mis esculturas, y tú tienes una piernas ideales para ello.

-Me temo que al igual que mi hermana, el trabajo de modelo no me llama en absoluto -Laura sonrió.

-Oh, vamos... si no es nada. Pero porque no hacemos una cosa, ven conmigo a mi taller y charlamos sobre tu hermana, y de paso te lo piensas. ¿Te parece?

-Bueno... le aviso que la respuesta seguramente seguirá siendo que no, pero acepto su invitación. Por si descubro donde está mi hermana. Quizás pueda llamar esta noche a mi madre para decirle que tengo noticias de ella.

-La esperanza es lo último que se pierde querida -Diana ya estaba pensando en el estupendo taburete de bar va a ser Laura. Y encima juntaría a los dos hermanas. Si es que en el fondo era un ángel... -. Pago esto en la caja y me acompañas ¿Te parece?

-Sin problemas. La verdad es que sin años sin saber de mi hermana ha sido una suerte encontrarla.

-¿Verdad que si cariño? -Dijo Diana con una sonrisa exultante.

Y la historia vuelve a empezar...

Fin.

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He tenido que postearla en varias veces, porque no cabía Shocked.
Agradecería comentarios. Si veis alguna error -ya sea falta de ortografía, error tipográfico, palabras iguales o parecidas muy próximas... lo que sea-, o considerais algún parrafo lioso, difícil de enterder o susceptible de ser reescrito, no dudeis en decirmelo.
Y nada más, espero que os haya gustado tanto como a mi lo ha hecho el escribirla -y al menos he despejado un poco la cabeza de paso...-.
Pues eso, que espero vuestras opiniones y comentarios. Hasta luego Smiley.
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« Reply #4 on: May 13, 2010, 07:24:38 AM »

No he tenido tiempo de leerla entera, de momento, porque últimamente mis sesiones en el foro son de 10 minutos, ya que tengo trabajo en grandes cantidades. Sin embargo, los trozos que he leído, y las imágenes que lo acompañan tienen muy buena pinta.

A ver qué opinan los demás...

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posyomismo
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« Reply #5 on: May 14, 2010, 09:07:36 AM »

Gracias por el comentario. Luego me dices que te ha parecido cuando la hayas terminado Smiley
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